viernes, 11 de mayo de 2018

Explican por primera vez cómo será la muerte del Sol

Explican por primera vez cómo será la muerte del Sol


RedacciónBBC Mundo 8 mayo 2018

Que el Sol morirá en unos 5.000 millones de años es algo en que los científicos concuerdan. Lo que no se sabía es qué ocurrirá cuando eso suceda, hasta ahora. Un equipo internacional de astrónomos de la Universidad de Mánchester (Reino Unido) ha descubierto que el Sol se transformará en un anillo luminoso de gas y polvo interestelar, conocido como nebulosa planetaria. La nebulosa planetaria es en lo que termina transformándose el 90% de las estrellas vivas y marca la transición de una gigante roja hasta convertirse en una enana blanca."Cuando una estrella muere, expulsa al espacio una masa de gas y polvo, conocida como envoltura, que puede llegar a la mitad de su masa total. Esto deja expuesto al núcleo de la estrella, que en este punto se está quedando sin combustible, apagándose y finalmente muriendo", explicó Albert Zijlstra. Clic AQUÍ para seguir leyendo y ver las imágenes.

La Vía Láctea es aún más grande de lo que se pensaba

La Vía Láctea es aún más grande de lo que se pensaba

A la velocidad de la luz, tardaríamos 200.000 años en atravesar el disco de nuestra galaxia


ABC.es Madrid Actualizado:11/05/2018 16:24h

Vivimos en una galaxia enorme que, según han calculado investigadores españoles, alcanza unos escalofriantes 200.000 años luz de diámetro. Es decir, sus fronteras está mucho más lejos de lo que se creía. Las galaxias espirales, como la nuestra, se caracterizan por poseer un disco de escaso grosor donde se encuentran la mayor parte de las estrellas. Estos discos tienen un tamaño limitado y, a partir de cierta distancia, ya casi no hay estrellas. En la Vía Láctea, no se tenía constancia de que hubiera estrellas de disco a distancias del centro mayores que dos veces la del Sol. Clic AQUÍ para seguir leyendo y ver el vídeo.

Descubierto un asteroide exiliado en la periferia del Sistema Solar

Descubierto un asteroide exiliado en la periferia del Sistema Solar

Telescopios de ESO descubren un singular y enigmático asteroide que guarda las claves de los turbulentos inicios del Sistema Solar

9 de Mayo de 2018
Un equipo internacional de astrónomos ha utilizado telescopios de ESO para investigar una reliquia del Sistema Solar primordial. El equipo descubrió que el inusual objeto del cinturón de Kuiper, de nombre 2004 EW95, es un asteroide rico en carbono, el primero de su tipo confirmado en la fría periferia del Sistema Solar. Probablemente, este curioso objeto se formó en el cinturón de asteroides entre Marte y Júpiter y fue lanzado a miles de millones de kilómetros de su lugar de origen hasta su hogar actual, en el cinturón de Kuiper.
Los primeros días de nuestro Sistema Solar fueron una época turbulenta. Algunos modelos teóricos de este período predicen que, después de que se formaran los gigantes gaseosos, estos arrasaron el Sistema Solar, expulsando pequeños cuerpos rocosos del interior del Sistema Solar hacia órbitas remotas a grandes distancias del Sol [1]. En particular, estos modelos sugieren que el cinturón de Kuiper —una región fría más allá de la órbita de Neptuno— debe contener una pequeña fracción de cuerpos rocosos del interior del Sistema Solar, tales como asteroides ricos en carbono, denominados asteroides carbonáceos [2].
Ahora, un reciente artículo científico ha presentado pruebas de la detección del primer asteroide carbonáceo observado en el cinturón de Kuiper, proporcionando datos que apoyan estos modelos teóricos que hablan de unos inicios tempestuosos en nuestro Sistema. Después de llevar a cabo cuidadosas mediciones con múltiples instrumentos instalados en el VLT (Very Large Telescope) de ESO, un pequeño equipo de astrónomos, dirigido por Tom Seccull, de la Universidad de la Reina de Belfast (Reino Unido), fue capaz de medir la composición del anómalo objeto 2004 EW95 del cinturón de Kuiper, determinando así que se trata de un asteroide carbonáceo. Esto sugiere que se formó originalmente en el interior del Sistema Solar y, desde entonces, debe haber migrado hacia el exterior [3].
La primera vez que salió a la luz la peculiar naturaleza de 2004 EW95 fue durante unas observaciones de rutina con el Telescopio Espacial Hubble de NASA/ESA llevadas a cabo por Wesley Fraser, un astrónomo de la Universidad de la Reina de Belfast que también era miembro del equipo tras este descubrimiento. El espectro de reflectancia del asteroide —el patrón específico de longitudes de onda de la luz reflejada de un objeto— era diferente a la de otros pequeños objetos similares del cinturón de Kuiper (denominados KBOs, de Kuiper Belt Objects), que típicamente tienen espectros sin interés que revelan poca información sobre su composición.
El espectro de reflectancia de 2004 EW95 era claramente distinto al de otros objetos exteriores del Sistema Solar observados” explica Seccull, el autor principal. “Era lo bastante raro como para echarle un vistazo”.
El equipo observó 2004 EW95 con los instrumentos X-Shooter y FORS2, instalados en el VLT. La sensibilidad de estos espectrógrafos permitió al equipo obtener medidas más detalladas de los patrones de luz reflejada desde el asteroide, y así deducir su composición.
Sin embargo, pese a la impresionante capacidad colectora de luz del VLT, 2004 EW95 resultaba difícil de observar. Aunque el objeto tiene un tamaño de unos 300 kilómetros, se encuentra a 4.000 millones de kilómetros de la Tierra, haciendo que la obtención de datos de su oscura superficie, rica en carbono, se convierta en un exigente desafío científico.
Es como observar una montaña gigante de carbón contra la oscuridad del cielo nocturno”, afirma el coautor Thomas Puzia, de la Pontificia Universidad Católica de Chile.
2004 EW95 no solo se mueve, sino que también es muy débil”, agrega Seccull. “Tuvimos que usar una técnica muy avanzada de procesamiento de datos para extraer la máxima información posible”. Dos características de los espectros del objeto fueron particularmente llamativas y correspondían a la presencia de óxidos férricos y filosilicatos. La presencia de estos materiales nunca se había confirmado antes en un objeto del cinturón de Kuiper y sugiere que 2004 EW95 se formó en el interior del Sistema Solar.
Seccull concluye: “Dada la ubicación actual de 2004 EW95, en la helada periferia del Sistema Solar, se deduce que ha sido expulsado hacia su órbita actual por un planeta migratorio en los primeros días del Sistema Solar”.
Si bien ha habido informes anteriores de otros espectros 'atípicos' de objetos del cinturón de Kuiper, ninguno se había confirmado hasta ahora con este nivel de calidad”, comenta Olivier Hainaut, astrónomo de ESO que no forma parte del equipo. “El descubrimiento de un asteroide carbonáceo en el cinturón de Kuiper es una verificación clave para una de las predicciones fundamentales de los modelos dinámicos del Sistema Solar temprano”.

Notas

[1] Los modelos dinámicos actuales sobre la evolución del Sistema Solar temprano, como la hipótesis del grand tack y el Nice model, predicen que los planetas gigantes emigraron primero hacia adentro y luego hacia el exterior, alterando y dispersando objetos del interior del Sistema Solar. Como consecuencia, se espera que un pequeño porcentaje de asteroides rocosos hanya sido expulsados a órbitas de la nube de Oort y el cinturón de Kuiper.

[2] Los asteroides carbonáceos son aquellos que contienen el elemento carbono o alguno de sus compuestos. Los asteroides carbonáceos (o de tipo C), pueden identificarse por sus superficies oscuras, causadas por la presencia de moléculas de carbono.

[3] Anteriormente ya se había detectado otros objetos del Sistema Solar interior en la periferia  del Sistema Solar, pero este es el primer asteroide carbonáceo que se encuentra tan lejos de casa, en el cinturón de Kuiper.

Información adicional

Este trabajo de investigación se ha presentado en el artículo científico titulado “2004 EW95: A Phyllosilicate-bearing Carbonaceous Asteroid in the Kuiper Belt”, por T. Seccull et al., y aparece en la revista The Astrophysical Journal Letters.
El equipo está formado por Tom Seccull (Centro de Investigación en Astrofísica, Universidad de la Reina de Belfast, Reino Unido); Wesley C. Fraser (Centro de Investigación en Astrofísica, Universidad de la Reina de Belfast, Reino Unido); Thomas H. Puzia (Instituto de Astrofíaica, Pontificia Universidad Católica de Chile, Chile); Michael E. Brown (División de Ciencias Geológicas y Planetarias, Instituto Tecnológico de California, EE.UU.); y Frederik Schönebeck (Instituto de Cálculo Astronómico, Centro de Astronomía de la Universidad de Heidelberg, Alemania).
ESO es la principal organización astronómica intergubernamental de Europa y el observatorio astronómico más productivo del mundo. Cuenta con el respaldo de quince países: Alemania, Austria, Bélgica, Dinamarca, España, Finlandia, Francia, Italia, Países Bajos, Polonia, Portugal, el Reino Unido, República Checa, Suecia y Suiza, junto con el país anfitrión, Chile. ESO desarrolla un ambicioso programa centrado en el diseño, construcción y operación de poderosas instalaciones de observación terrestres que permiten a los astrónomos hacer importantes descubrimientos científicos. ESO también desarrolla un importante papel al promover y organizar la cooperación en investigación astronómica. ESO opera en Chile tres instalaciones de observación únicas en el mundo: La Silla, Paranal y Chajnantor. En Paranal, ESO opera el Very Large Telescope, el observatorio óptico más avanzado del mundo, y dos telescopios de rastreo. VISTA (siglas en inglés de Telescopio de Rastreo Óptico e Infrarrojo para Astronomía) trabaja en el infrarrojo y es el telescopio de rastreo más grande del mundo, y el VST (VLT Survey Telescope, Telescopio de Rastreo del VLT) es el telescopio más grande diseñado exclusivamente para rastrear el cielo en luz visible. ESO es el socio europeo de un revolucionario telescopio, ALMA, actualmente el mayor proyecto astronómico en funcionamiento del mundo. Además, cerca de Paranal, en Cerro Armazones, ESO está construyendo el ELT (Extremely Large Telescope), el telescopio óptico y de infrarrojo cercano de 39 metros que llegará a ser “el ojo más grande del mundo para mirar el cielo”.
Las traducciones de las notas de prensa de ESO las llevan a cabo miembros de la Red de Divulgación de la Ciencia de ESO (ESON por sus siglas en inglés), que incluye a expertos en divulgación y comunicadores científicos de todos los países miembros de ESO y de otras naciones.

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sábado, 5 de mayo de 2018

Teoría final de Stephen Hawking “origen del Universo”

Teoría final de Stephen Hawking “origen del Universo”

El científico elaboró esta cosmología durante veinte años junto a su colega Thomas Hertog


JOSEP CORBELLA 02/05/2018 18:32 | Actualizado a 03/05/2018 12:26

Nuestro universo es uno entre muchos. Pero el número total de universos es finito. Y los múltiples universos existentes son similares entre ellos. Esta es la visión final del cosmos que desarrolló Stephen Hawking en sus últimos meses antes de morir y que se publicó ayer póstumamente en la revista Journal of High Energy Physics. El trabajo, realizado en colaboración con su discípulo Thomas Hertog, de la Universidad de Lovaina (Bélgica), se fundamenta en la teoría de cuerdas de la física (que postula que las partículas elementales son en realidad como minúsculas cuerdas que vibran) y en el concepto de multiverso (que postula que existen múltiples universos). Clic AQUÍ para seguir leyendo y ver las imágenes.

La NASA lanza este sábado su sonda 'InSight' para tomar el pulso a Marte

La NASA lanza este sábado su sonda 'InSight' para tomar el pulso a Marte

Estudiará por primera vez su actividad sísmica




TERESA GUERRERO Madrid 5 MAY. 2018 06:59



La NASA tiene previsto lanzar este sábado su nueva misión robótica a Marte, la primera que tomará el pulso al planeta rojo estudiando su actividad sísmica. Si todo marcha según el plan, la sonda InSight despegará desde la base aérea de Vandenberg, en California, a bordo de un cohete Atlas V. Tras una travesía de casi siete meses, InSight (de Interior Exploration using Seismic Investigations, Geodesy and Heat Transport) llegará a Marte el 26 de noviembre, tanto si es lanzada este sábado como en otra fecha del periodo que abarca la ventana de lanzamiento. [...] Su trabajo consistirá en estudiar las capas internas del planeta rojo para intentar esclarecer cómo han evolucionado los mundos del Sistema Solar.
Después de asentarse sobre la superficie marciana, Mars InSight tardará unos meses en desplegar los instrumentos: se activará un sismómetro y una sonda de calor perforará el suelo marciano a una profundidad de casi cinco metros. 
Mediante el uso de instrumental de alta precisión, los científicos intentarán develar diversos "misterios" del planeta rojo.

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viernes, 27 de abril de 2018

Megafusiones de galaxias antiguas

Megafusiones de galaxias antiguas

ALMA y APEX descubren aglomeraciones masivas de galaxias en formación en el universo temprano


25 de Abril de 2018

Los telescopios ALMA y APEX han buceado en las profundidades del espacio — hacia la época en la que el universo tenía una décima parte de su edad actual — y han sido testigos de los inicios de una gigantesca aglomeración cósmica: la inminente colisión de jóvenes galaxias con estallido de formación estelar. Los astrónomos creían que estos eventos tuvieron lugar unos 3.000 millones de años después del Big Bang, por lo que se sorprendieron cuando las nuevas observaciones revelaron que esto sucedió cuando el universo tenía tan sólo la mitad de esa edad. Se cree que estos antiguos sistemas de galaxias acaban formando las estructuras más masivas del universo: los cúmulos de galaxias.

Utilizando el interferómetro ALMA (Atacama Large Millimeter/submillimeter Array) y el experimento APEX (Atacama Pathfinder Experiment), dos equipos internacionales de científicos, liderados por Tim Miller (de la Universidad de Dalhousie de Canadá y la Universidad de Yale en los Estados Unidos) y por Iván Oteo (de la Universidad de Edimburgo, Reino Unido) han descubierto concentraciones de galaxias sorprendentemente densas que están a punto de fusionarse, formando los núcleos de lo que finalmente se convertirá en colosales cúmulos de galaxias.

Estudiando el 90% de todo el universo observable, el equipo de Miller observó un protocúmulo de galaxias llamado SPT2349-56. La luz de este objeto comenzó a viajar hacia nosotros cuando el universo tenía alrededor de una décima parte de su edad actual.

Las galaxias individuales de esta densa acumulación cósmica son galaxias con brotes de formación estelar (conocidas en inglés como galaxias starburst) y la concentración de esta vigorosa formación estelar en una región tan compacta la convierte en la zona más activa jamás observada en el universo joven. Allí nacen cada año miles de estrellas, mientras que, en comparación, en nuestra Vía Láctea nace tan solo una al año.

Combinando observaciones de ALMA y APEX, el equipo de Oteo ya había descubierto una megafusión similar formada por diez galaxias polvorientas con formación estelar, apodadas un "núcleo rojo polvoriento" debido a su intenso color rojo.

Iván Oteo explica por qué estos objetos son inesperados: “Se cree que la duración de los brotes de formación estelar polvorientos es relativamente corta, ya que consumen el gas a un ritmo extraordinario. En cualquier momento, en cualquier rincón del universo, estas galaxias suelen ser minoría. Por lo tanto, encontrar numerosos brotes de formación estelar polvorientos brillando al mismo tiempo de ese modo es muy desconcertante, y algo que todavía necesitamos comprender”.

Estos cúmulos de galaxias en formación se detectaron primero como débiles manchas de luz usando el Telescopio del Polo Sur y el Observatorio Espacial Herschel. Posteriores observaciones de ALMA y APEX demostraron que tenían una estructura inusual y confirmaron que su luz se originó mucho antes de lo esperado, sólo 1.500 millones de años después del Big Bang.

Finalmente, las nuevas observaciones de alta resolución de ALMA, revelaron que las dos manchas de brillo tenue no eran objetos individuales, sino que estaban compuestas por catorce y diez galaxias masivas individuales respectivamente, cada una dentro de un radio comparable a la distancia entre la Vía Láctea y las vecinas Nubes de Magallanes.

“Estos descubrimientos hechos con ALMA son sólo la punta del iceberg. Más observaciones llevadas a cabo con APEX muestran que el número real de galaxias con formación estelar probablemente es tres veces mayor. Otras observaciones en curso hechas con el instrumento MUSE, instalado en el VLT de ESO, también están identificando más galaxias”, comenta Carlos De Breuck, astrónomo de ESO.

Los modelos teóricos y computacionales actuales sugieren que este tipo de protocúmulos tan masivos habrían necesitado mucho más tiempo para evolucionar. Utilizando datos de ALMA, con su superior resolución y sensibilidad, incorporados a sofisticadas simulaciones por ordenador, los investigadores son capaces de estudiar la formación de cúmulos menos de 1.500 millones de años después del Big Bang.

“Aún no sabemos cómo este conjunto de galaxias creció tanto y tan rápido. No se formó de manera gradual a lo largo de miles de millones de años, como podrían suponer los astrónomos. Este descubrimiento ofrece una gran oportunidad para estudiar cómo se unieron galaxias masivas para formar enormes cúmulos de galaxias”, afirma Tim Miller, doctorando en la Universidad de Yale y autor principal de uno de los artículos.

Información adicional

Este trabajo de investigación se ha presentado en dos rtículos científicos, “The Formation of a Massive Galaxy Cluster Core at z = 4.3”, por T. Miller et al., que aparece en la revista Nature, y “An Extreme Proto-cluster of Luminous Dusty Starbursts in the Early Universe”, por I. Oteo et al., que aparece en la revista Astrophysical Journal.
El equipo de Miller está frmado por: T. B. Miller (Universidad de Dalhousie, Halifax, Canadá; Universidad de Yale, New Haven, Connecticut, EE.UU.); S. C. Chapman (Universidad de Dalhousie, Halifax, Canadá; Instituto de Astronomía, Cambridge, Reino Unido); M. Aravena (Universidad Diego Portales, Santiago, Chile); M. L. N. Ashby (Centro de Astrofísica Harvard-Smithsonian, Cambridge, Massachusetts, EE.UU.); C. C. Hayward (Centro de Astrofísica Harvard-Smithsonian, Cambridge, Massachusetts, EE.UU.; Center de Astrofísica  Computacional, Instituto Flatiron, Nueva York, Nueva York, EE.UU.); J. D. Vieira (Universidad  de Illinois, Urbana, Illinois, EE.UU.); A. Weiß (Instituto Max-Planck de Radioastronomía, Bonn, Alemania); A. Babul (Universidad  de Victoria, Victoria, Canadá); M. Béthermin (Universidad Aix-Marseille, CNRS, LAM, Laboratorio de Astrofísica de Marsella, Marsella, Francia); C. M. Bradford (Instituto de Tecnología de California, Pasadena, California, EE.UU.; Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL), Pasadena, California, EE.UU.); M. Brodwin (Universidad  de Missouri, Kansas City, Missouri, EE.UU.); J. E. Carlstrom (Universidad  de Chicago, Chicago, Illinois, EE.UU.); Chian-Chou Chen (ESO, Garching, Alemania); D. J. M. Cunningham (Universidad de Dalhousie, Halifax, Canadá; Universidad de Santa María, Halifax, Nueva Escocia, Canadá); C. De Breuck (ESO, Garching, Alemania); A. H. Gonzalez (Universidad de Florida, Gainesville, Florida, EE.UU.); T. R. Greve (University College de Londres, Gower Street, Londres, Reino Unido); Y. Hezaveh (Universidad de Stanford, Stanford, California, EE.UU.); K. Lacaille (Universidad de Dalhousie, Halifax, Canadá; Universidad McMaster, Hamilton, Canadá); K. C. Litke (Observatorio Steward, Universidad de Arizona, Tucson, Arizona, EE.UU.); J. Ma (Universidad de Florida, Gainesville, Florida, EE.UU.); M. Malkan (Universidad de California, Los Ángeles, California, EE.UU.); D. P. Marrone (Observatorio Steward, Universidad de Arizona, Tucson, Arizona, EE.UU.); W. Morningstar (Universidad de Stanford, Stanford, California, EE.UU.); E. J. Murphy (Observatorio Nacional de Radioastronomía, Charlottesville, Virginia, EE.UU.); D. Narayanan (Universidad de Florida, Gainesville, Florida, EE.UU.); E. Pass (Universidad de Dalhousie, Halifax, Canadá, Universidad de Waterloo, Waterloo, Canadá); R. Perry (Universidad de Dalhousie, Halifax, Canadá); K. A. Phadke (Universidad de Illinois, Urbana, Illinois, EE.UU.); K. M. Rotermund (Universidad de Dalhousie, Halifax, Canadá); J. Simpson (Universidad de Edimburgo, Real Observatorio, Blackford Hill, Edimburgo; Universidad de Durham, Durham, Reino Unido); J. S. Spilker (Observatorio Steward, Universidad de Arizona, Tucson, Arizona, EE.UU.); J. Sreevani (Universidad de Illinois, Urbana, Illinois, EE.UU.); A. A. Stark (Centro de Astrofísica Harvard-Smithsonian, Cambridge, Massachusetts, EE.UU.); M. L. Strandet (Instituto Max-Planck de Radioastronomía, Bonn, Alemania); y A. L. Strom (Observatorios de las Instituciones Carnegie para la Ciencia, Pasadena, California, EE.UU.).
El equipo de Oteo está formado por: I. Oteo (Instituto de Astronomía, Universidad de Edimburgo, Real Observatorio, Edimburgo, Reino Unido; ESO, Garching, Alemania); R. J. Ivison (ESO, Garching, Alemania; Instituto de Astronomía, Universidad de Edimburgo, Real Observatorio, Edimburgo, Reino Unido); L. Dunne (Instituto de Astronomía, Universidad de Edimburgo, Real Observatorio, Edimburgo, Reino Unido; Universidad de Cardiff, Cardiff, Reino Unido); A. Manilla-Robles (ESO, Garching, Alemania; Universidad de Canterbury, Christchurch, Nueva Zelanda); S. Maddox (Instituto de Astronomía, Universidad de Edimburgo, Real Observatorio, Edimburgo, Reino Unido; Universidad de Cardiff, Cardiff, Reino Unido); A. J. R. Lewis (Instituto de Astronomía, Universidad de Edimburgo, Real Observatorio, Edimburgo, Reino Unido); G. de Zotti (INAF-Observatorio Astronómico de Padua, Padua, Italia); M. Bremer (Universidad de Bristol, Tyndall Avenue, Bristol, Reino Unido); D. L. Clements (Imperial College, Londres, Reino Unido); A. Cooray (Universidad de California, Irvine, California, EE.UU.); H. Dannerbauer (Instituto de Astrofísica de Canarias, La Laguna, Tenerife, España; Universidad de La Laguna, Dpto. Astrofísica, La Laguna, Tenerife, España); S. Eales (Universidad de Cardiff, Cardiff, Reino Unido); J. Greenslade (Imperial College, Londres, Reino Unido); A. Omont (CNRS, Instituto de Astrofísica de París, París, Francia; UPMC Univ. París 06, París, Francia); I. Perez–Fournón (Universidad de California, Irvine, California, EE.UU.; Instituto de Astrofísica de Canarias, La Laguna, Tenerife, España); D. Riechers (Universidad de Cornell, Edificio de Ciencias Espaciales, Ithaca, Nueva York, EE.UU.); D. Scott (Universidad de British Columbia, Vancouver, Canadá); P. van der Werf (Observatorio de Leiden, Universidad de Leiden, Leiden, Países Bajos); A. Weiß (Instituto Max-Planck de Radioastronomía, Bonn, Alemania) y Z-Y. Zhang (Instituto de Astronomía, Universidad de Edimburgo, Real Observatorio, Edimburgo, Reino Unido; ESO, Garching, Alemania).
ESO es la principal organización astronómica intergubernamental de Europa y el observatorio astronómico más productivo del mundo. Cuenta con el respaldo de quince países: Alemania, Austria, Bélgica, Dinamarca, España, Finlandia, Francia, Italia, Países Bajos, Polonia, Portugal, el Reino Unido, República Checa, Suecia y Suiza, junto con el país anfitrión, Chile. ESO desarrolla un ambicioso programa centrado en el diseño, construcción y operación de poderosas instalaciones de observación terrestres que permiten a los astrónomos hacer importantes descubrimientos científicos. ESO también desarrolla un importante papel al promover y organizar la cooperación en investigación astronómica. ESO opera en Chile tres instalaciones de observación únicas en el mundo: La Silla, Paranal y Chajnantor. En Paranal, ESO opera el Very Large Telescope, el observatorio óptico más avanzado del mundo, y dos telescopios de rastreo. VISTA (siglas en inglés de Telescopio de Rastreo Óptico e Infrarrojo para Astronomía) trabaja en el infrarrojo y es el telescopio de rastreo más grande del mundo, y el VST (VLT Survey Telescope, Telescopio de Rastreo del VLT) es el telescopio más grande diseñado exclusivamente para rastrear el cielo en luz visible. ESO es el socio europeo de un revolucionario telescopio, ALMA, actualmente el mayor proyecto astronómico en funcionamiento del mundo. Además, cerca de Paranal, en Cerro Armazones, ESO está construyendo el ELT (Extremely Large Telescope), el telescopio óptico y de infrarrojo cercano de 39 metros que llegará a ser “el ojo más grande del mundo para mirar el cielo”.
Las traducciones de las notas de prensa de ESO las llevan a cabo miembros de la Red de Divulgación de la Ciencia de ESO (ESON por sus siglas en inglés), que incluye a expertos en divulgación y comunicadores científicos de todos los países miembros de ESO y de otras naciones.

El 
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lunes, 23 de abril de 2018

WASP-104b, bienvenidos al siniestro planeta negro

WASP-104b, bienvenidos al siniestro planeta negro


Hallan a 466 años luz de la Tierra un mundo color carbón, uno de los más oscuros que se conocen


José Manuel Nieves @josemnieves Madrid Actualizado:23/04/2018 09:58h

A 466 años luz de la Tierra, los astrónomos han encontrado uno de los mundos más oscuros descubiertos hasta ahora. Tanto, que en un artículo recién aparecido en arxiv.org comparan su color al del carbón. WASP-104b es un planeta gaseoso y gigante, del tamaño de nuestro Júpiter, y orbita alrededor de su estrella una vez cada 1,75 días. Pero a diferencia de Júpiter, que está muy lejos del Sol, este mundo gigante está tan cerca del suyo que la intensa radiación emitida por la estrella ha "barrido" por completo toda su atmósfera y nubes, dejando que elementos como el sodio y el potasio emerjan hasta la superficie neblinosa y ardiente (más de 1.200 grados centígrados) que envuelve al siniestro planeta.
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